La primera vez que preparamos la casa de la calle Linneo para una noche de programación Clara se quedó muy impresionada: colocamos la mesa en el centro del salón, sacamos regletas y nos sentamos cada uno con nuestro ordenador a trabajar en nuestro proyecto, mientras comíamos guarrerías y alguien ponía alguna película ídem. Nos preguntábamos las dudas, intercambiábamos manuales, y picábamos código lo mejor que sabíamos mientras escuchábamos música (no recordaré a Dani la música que ponía por no avergonzarle).

Yo había convencido a Dani de que aprendiera Java conmigo, y que se uniera al proyecto Enter The Tetrix. Al principio, la forma de trabajar de Dani me parecía una locura. Mientras yo leía el manual y la documentación, y pensaba despacio el algoritmo que iba a seguir, Dani cortaba y pegaba, y aprendía de ejemplos que encontraba en cualquier lugar: en los manuales, en mi código, en internet... a veces bastaba con cambiar una constante de sitio para acelerar su código hasta 100 veces.

En particular, me costaba convivir con su idea de escribir código que escribía código fuente de java, luego llamaba al compilador de java para hacer un ejecutable, llamaba a ese código y leía la salida de un archivo. A veces era tan sencillo hacer código "normal" que me desesperaba que siguiera ese enfoque. 

Pero pronto tuve que admitir que no era tan loco, y algún tiempo después tuve que admitir que el enfoque era genial: dani no escribía un programa que nadie fuera a usar de forma cotidiana. De hecho, escribía código que sólo iba a usar una vez. Si el código terminaba su tarea en una sóla noche, no había necesidad de escribir código mejor. ¡Qué importa si tarda una hora o diez cuando no piensas volver a tocar el ordenador en una semana!

Así no los explicó mientras nos tomamos un kebab en aquel sitio turco de la ronda de Segovia. Él daba por terminada su parte del proyecto: una animación inspirada en la Física en la que varias partículas caían atravesando las letras "Enter the Tetrix", que no se veían de forma directa, sino que se percibían por cómo alteraban las partículas que caían cerca de ellas. En aquel momento la animación no estaba lista, pero lo estaría la mañana siguiente, como los regalos de Navidad.
